La voz ...

Habían quedado inhabilitados varios comandos de la nave y la posición vertical era la única que convenía si es que quería llegar sano y salvo a mi destino, tal vez la causa de esta amnesia temporal se deba precisamente al haber entrado, en algunos estadios, a un estado de suspensión. No obstante y viendo como los Quarkios pasaban buscaba entre los registros de la bitácora aquello que los ancianos me habián dicho encontraría en mi viaje los destellos del Dhuramm.

Según había aprendido en la Academía estos destellos se presentan a largo de todo el recorrido por el protoespacio, dicen algunos que es la visión mística del Padre eterno, mientras que otros especulaban que se trataba solamente de alucinaciones producto de la ondas de choque de las élipsis de Borodan.

Ni lo uno, ni lo otro, el destello en cuestión no se trataba de una imágen o algo que se puede tocar. Se trataba más bien de un sonido, imperceptible al principio y que se confundía con la bulla de mi módulo, pero que luego tomó la forma de una voz que corría en paralelo con la refractación de los sonidos del universo, era una voz fuerte que decía lo mucho que le importaba, que me esperaba y reía conmigo, anunciándome que la misión en realidad se iniciaría con mi llegada y no como yo creía, terminaba con ésta.

Acurrucado esperaba escuchar los destellos de Dhuram, que sentía acariciaban mi módulo y sentía una felicidad inmesa y absoluta de saberme protegido por esa voz. Aunque, también a veces, sentía la falta de los destellos generándome una inmensa tristeza cada vez que revisaba una y otra vez los sensores sin tener registro de aquellos que se me habían hecho tan necesarios como el comer y el respirar...

He asomado la cabeza y tengo al satélite más cercano a mi destino a solo cinco mil Dorkios, eso significa que me voy acercando cada vez más ... tengo miedo, ojalá los destellos, la voz, esté ahí para cuando inicie el descenso ...

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